Investigación
MARILYN Y JFK
FRANÇOIS FORESTIER
(Aguilar - Buenos Aires)

El autor François Forestier evita los eufemismos. "Para escribir esta historia hay que tener una documentación sólida y un defecto fundamental: ser malpensado. Y yo lo soy", advierte desde la contratapa del libro que evoca la turbulenta relación entre dos íconos norteamericanos del siglo XX: el ex presidente John Fitzgerald Kennedy y Marilyn Monroe.
Forestier no muestra en ningún pasaje de su libro el menor atisbo de cariño por los personajes que maneja: las descripciones de la actriz y las de los integrantes del clan Kennedy son duras, impiadosas. Hasta quienes juegan un rol secundario en este relato descarnado de un verdadero concierto de apetitos personales son pintados con crudeza y adornados con adjetivos incómodos.
El autor arranca con el relato pormenorizado del asesinato de JFK, en Dallas, Texas; es una descripción dura, con detalles sobrecogedores, acerca de uno de los momentos que marcaron a fuego la historia del siglo pasado. Y concluye con una enumeración casi quirúrgica de las tareas de "limpieza" que se llevaron a cabo en el sitio desde el cual Marilyn hizo su enigmática y final llamada telefónica. En el medio hay más de 200 páginas que le sirven al autor para demostrar lo que anuncia en el preámbulo del libro: que los Kennedy (John y su hermano Robert) y la rubia más deseada de Hollywood vivieron la relación "secreta" más filmada, grabada, espiada y fotografiada de la historia.
Cuesta creer, desde estos años de información instantánea y videos en YouTube, que un carismático presidente norteamericano y su hermano ministro de Justicia hayan podido evitar durante años la difusión pública de un secreto a voces; mucho más si a las habituales escuchas y fisgoneos de la CIA y del FBI se suman las ejecutadas por encargo de maridos despechados, furibundos jefes de estudios de filmación, capomafias de ambas costas de los EE.UU. y columnistas de chismes en publicaciones de todo calibre. Comparado con los ardientes días que -según Forestier- se vivieron en Camelot (el apodo benevolente con el que se conoció a la residencia presidencial durante el mandato de JFK), el comportamiento de Bill Clinton (que estuvo al borde de la destitución por el affaire que protagonizó con la pasante de la Casa Blanca, Monica Lewinsky) podría calificarse de monacal.
El autor le dedica un lugar de privilegio al relato de la preparación y la consumación de uno de los momentos más tórridos de la exposición pública del affaire JFK-Marilyn: el cumpleaños presidencial en el que, en un Madison Square Garden repleto y ante las cámaras de la televisión mundial, la volcánica rubia entonó aquel histórico Happy birthday, Mr. President. Forestier lo consigna como la confirmación fehaciente de una relación escandalosa tan universalmente conocida como tozudamente negada. Marilyn y JFK promete emociones fuertes, episodios turbulentos y pasiones descontroladas. Cumple desde cada una de sus páginas y desde la misma fotografía que ilustra la portada: Marilyn, con expresión casi adusta, entre los hermanos Kennedy, que parecen no prestarle demasiada atención, con una elegante biblioteca como telón de fondo.
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Juan Carlos Di Lullo